David no era un soldado fuerte ni un gigante, era un joven pastor que cuidaba ovejas en el campo. Pero tenía algo muy especial: ¡Un corazón lleno de confianza en Dios!
"El Señor es mi pastor, nada me faltará."
- Salmo 23:1
Cuando el gigante Goliat asustaba a todos, David no tuvo miedo. Sabía que Dios era más grande que cualquier gigante. Con solo una honda y una piedrita, David demostró que con fe, ¡todo es posible!